Memorias, experiencias, deseo, nostalgia, algo, alguien… cada uno de nosotros tiene su o sus razones para volver a adentrarse
entre decenas de desérticos cerros hasta llegar a Fuente Santa, a pesar de que familiaridad y amistad entre los asistentes siguen
siendo la claves del éxito.
Nuevamente celebramos la misa en la Cortijada. Aunque no sigamos con la costumbre de oficiar la misa en la ermita y bajar juntos
con la virgen de Fátima, logramos presenciar una misa con un mayor número de asistentes que conservaron un respeto y un silencio solemnes.
Bocadillos y bebidas irrumpieron cuando todavía el número de asistentes era menor al del año anterior. Pero poco tardó en llegar el resto
de gente que aún no había llegado para completar la fiesta, ayudando así a decorar una Cortijada repleta e irradiada.
Percibimos la ausencia de algunos de los habituales, pero también pudimos distinguir nuevos rostros. Y es que cada año, por igual
que a veces pueda parecer, siempre resulta ser diferente. Algunos dejarán de venir, otros nuevos vendrán para seguir acudiendo año tras año. De todos modos, la dulce experiencia de haber convivido juntos una fiesta tan familiar y auténtica en Fuente Santa no nos la quitará nadie, y permanecerá para siempre en el recuerdo de cada uno.